En febrero pasado apareció la noticia de que 500 camiones iban a trasladar desde Sevilla a Huelva (vertedero de Nerva) 12.300 toneladas de residuos tóxicos peligrosos procedentes del astillero de Bijela (Montenegro), residuos que habían llegado al puerto de Sevilla, por vía fluvial, en buques procedentes del Adriático.

La noticia me pareció extraña, aunque al momento recordé algo que me hizo ver que era habitual en otros lugares, y es que ha sido y es práctica habitual que los países del primer mundo enviemos residuos plásticos a terceros países donde los reciclan (lo que pueden), en concreto me vinieron a la mente imágenes de países asiáticos con playas «a tope» de basura plástica producida en el primer mundo.

Hasta 2018 nuestros residuos plásticos se enviaban a China que, por ejemplo, en 2017 compró más de la mitad de los desechos reciclables exportados por EEUU (miren dónde van ahora). Pero a partir de 2019 China dejó de admitir la mayoría del papel y el plástico, en aplicación de su nueva política ambiental. Otros países como Tailandia, Vietnam, Indonesia y Malasia también estaban en esta industria del reciclaje, pero su capacidad no fue suficiente para absorber los nuevos volúmenes a reciclar tras la drástica reducción de China, lo que ha llevado a que los residuos sobrantes se queden en parte en los países/zonas de origen, en vertederos o incineradoras, o se pierdan en las travesías… contaminando el medio ambiente.

Son necesarias mejores plantas de reciclaje en origen, fabricación de envases y otros artículos con plásticos que sean reciclables, y huir de la cultura del usar y tirar.

Pero entre tanto, debemos saber que los plásticos degeneran en microplásticos producto de la acción de la radiación ultravioleta y de la erosión del mar, aunque algunos se fabrican expresamente con ese tamaño, como los empleados en cosméticos exfoliantes, y otros productos cosméticos o de aseo. Y también que esos microplásticos son ingeridos por pequeños peces y animales, entrando en la cadena trófica (alimentaria)

A continuación, les dejo un par de párrafos de mi entrada «Nuestro Océano: contaminación«:

Se habla de que más de 170 especies marinas repartidas por todo el mundo ingieren estos microplásticos. Algunos como el mejillón o la ostra, no pueden evitar su ingesta, pero los peces o los crustáceos, que se alimentan de forma selectiva, ingieren estos microplásticos porque se asemejan a las huevas y los confunden, o bien se alimentan de otros animales que previamente los han tomado.

A este respecto, una investigación publicada esta semana en la revista Science se ha centrado en cómo las micropartículas de plástico afectan a las larvas de los peces, con un resultado preocupante, ya que las larvas ingieren estas partículas de plástico lo que les causa problemas reproductivos y amenaza su supervivencia. Pero no sólo eso, en el experimento se ha visto que las prefieren a su “comida habitual”, lo que hace que el efecto sea mayor.

Creo que con esto ya se tiene idea sobre cuál es la respuesta a la pregunta del título, aunque he descubierto que no estamos solos: existen otros seres vivos que nos ayudan y, quizás, a partir de ello se pueda reciclar plástico en el futuro. Vean el interesante artículo «Los gusanos que degradan plástico en 40 minutos» publicado en TheConversation.

No olvidemos tampoco lo que la investigación y la industria pueden hacer, por ejemplo, transformar los residuos en combustibles sostenibles (EnergyNews).

Pero, algo se está avanzando en la resolución de este problema, se está hablando en la ONU, vean el enlace: Gran avance hacia un pacto anticontaminación por plástico.

Positivo pero, siendo fino, diré que vamos «algo justos de tiempo».

¡Saludos!

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