No estamos hechos para tanta inmediatez…

Es la frase que se me vino ayer a la cabeza mientras veía un programa de TV en el que se proponía que los niños y jóvenes debían interactuar más con los animales, y la naturaleza en su conjunto, como forma de obtener mayor conocimiento del entorno en el que viven y, también, cómo forma de ayudar a educar sus propios sentimientos y emociones.

Se hablaba de la gran cantidad de tiempo que pasan muchos de ellos con algún dispositivo (móvil, tablet, ordenador, videoconsola, etc.) utilizándolo como vehículo para relacionarse con sus “amigos”, o sea, con el mundo exterior, en buena parte a través de juegos. En estos tiempos de confinamiento por el coronavirus es normal que aumente lo virtual y, por tanto, los juegos virtuales, que también son una forma de relacionarse.

Pero incluso antes de que estuviéramos así ya se veía el mismo comportamiento (hay muchos estudios sobre cuánto se debería jugar y que efectos puede tener su abuso).

Seguro que muchos de estos juegos aportan ventajas como, por ejemplo, se habla de que estimulan la memoria y la capacidad de planificar y de pensar en estrategias, también el rendimiento en las actividades diarias, incentivando la creatividad, aumentan la capacidad de atención y toma de decisiones, permiten descargar tensiones, ayudan en la resolución de problemas… siempre que se haga un uso moderado de los mismos, lo que implica dedicarles menos tiempo. Aunque, por otro lado, también se escuchan voces que hablan de problemas conductuales, violencia y un mayor riesgo de desarrollar adicciones. En resumen, los videojuegos no son buenos ni malos en sí mismos, sino que todo depende de cómo y durante cuánto tiempo se juega, a cada edad.

Desde hace ya tiempo tengo la impresión de que, en la práctica y dado que el tiempo dedicado no suele ser poco, el exceso en su utilización lleva a acostumbrarse a que todo suceda de forma rápida, en periodos muy cortos de tiempo. De esta forma la relación entre la acción de la persona y la respuesta del juego es casi inmediata, igual que ante la pregunta, o invitación a la acción que presenta el juego, y el lapso de tiempo en el que hay que dar respuesta… cuanto antes y más rápido, mejor. Y esto se intenta llevar, involuntariamente, a la vida real.

No soy experto en videojuegos, ni pretendo dar una clase sobre los mismos y los efectos de su utilización, simplemente veo a mi alrededor patrones bastante comunes de comportamiento que me llevan a pensar, acertadamente o no, que a muchas de las personas que han crecido con un videojuego en las manos les cuesta asumir la NO inmediatez de las cosas que, por otro lado, suele ser lo habitual a lo largo de la vida. Ante cualquier acción, esperan una respuesta o resultado inmediatos, o al menos rápidos, y muchas veces no ocurre así. Puede ser que esto les acabe llevando a incertidumbres, o incluso estrés, cuya solución sólo podrán encontrar en la vida real, aumentando las relaciones humanas y sociales… no virtuales.

Quizás esta idea de velocidad y rapidez pueda encajar con algunos aspectos de la vida real, por ejemplo, con las ideas de mayor productividad, mayor ritmo de actuación, mayor uso intensivo de tecnologías, mayor presión soportada, mayor crecimiento, mayor consumo, mayor… todo dirigido hacia la consecución muy rápida, en el menor tiempo posible, de un determinado resultado.

Pero ¿cómo encaja todo esto con la cultura del esfuerzo? aquella que se basa en la constancia y perseverancia en el tiempo como método para conseguir los deseos y objetivos. ¿Cómo se relaciona con quien quiere correr una maratón? ¿O con quien desea estudiar una carrera universitaria? Para esto se necesita otro esquema mental, distinto al de buscar lo inmediato. Son retos de largo recorrido.

Y cambiando de enfoque ¿Cómo se verá una puesta de sol? ¿bonita, emocionante, fantástica, romántica…? muy lenta, seguro.

Como decía al principio, no estamos hechos para tanta inmediatez… debemos acercarnos a los ritmos que nos marca nuestro entorno natural, tan natural como nuestra propia esencia de seres humanos. Quizás entonces lleguemos a ser más inteligentes, a la vez que más humanos.

¿Qué piensan?

#QuedateEnCasa

¡Saludos!

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(Imagen de cabecera: Pixabay)