Cuarenta años o más…

Hoy les invito a leer un texto creado por Menchu Vila, perteneciente a la Asociación Jubilación anticipada sin penalizar ASJUBI40, en el que nos narra su visión y sentimientos sobre la experiencia vital relacionada con el trabajo y la jubilación, y la problemática que se vive en nuestros días.

Desde ASJUBI40 propugnamos la eliminación de los coeficientes reductores a la jubilación cuando se ha cotizado durante 40 años o más, habiendo superado con creces el tiempo necesario para recibir el 100% de la pensión, para no penalizar de por vida a quienes han contribuido al sistema de pensiones durante tantos años.

Les transcribo dicho texto a continuación. Y ya saben, lean con calma, reflexionen y obtengan sus propias conclusiones.


Cuarenta años o más…, por Menchu Vila.

Adolescencias interrumpidas, pensiones penalizadas.

(Dedicado a los compañeros que están peleando en las instituciones para hacer entender y sacar adelante nuestra reivindicación)

Corren, año arriba o año abajo, “los setenta” del pasado siglo y toda una generación de adolescentes… 14, 15, 16 años, comenzamos una mañana cualquiera de un día cualquiera. Son las siete de la mañana y la rutina de cada jornada se impone. Pero no, no es para ir al instituto, en nuestras cabezas no da vueltas el próximo examen de mates o de lengua, son las prisas para llegar a fichar a tiempo, pronto darán las ocho.
Un chaval de 15 comienza su jornada de “botones” en el banco –para los más jóvenes que no sepáis que es eso, por resumir, el último en el escalafón, el chico para todo–. Una adolescente de 16 se sienta ante una máquina de escribir a copiar cartas dictadas por un “señor mayor” –al menos así lo ve ella desde su recién estrenado mundo adulto–. Un niño de 14, “casi hombre” –la realidad se impone– ocupa su puesto en la cadena de montaje de la fábrica.
No, no son trabajos de estudiante, no se trata de hacer unas horas a la semana para los “gastillos” del finde o para ese viaje planeado de un largo verano de Interrail. Son jornadas completas, reales y agotadoras, de 8, 9 y 10 horas al día, de lunes a sábado. Porque hay que llevar dinero a casa y cuando llegue, a final de mes, irá todo –o casi– para la madre, que lo administrará lo mejor posible.
Y así, con ese sentimiento de responsabilidad, grabado a fuego en nuestra piel, seguimos y seguimos, levantándonos, fichando, currando, un día y otro, un mes tras otro, un año, dos, tres… y así hasta “40 y más…” sin casi levantar la voz.

Muchos de nosotros, inquietos, nos seguimos formando y vamos a la universidad, al turno de noche, eso sí –casi nuestra única opción–, y renunciamos (también) a los “guateques” y salidas al campo con la “panda” los cortos fines de semana, tenemos que preparar exámenes y ponernos al día en los estudios.
Y las mujeres, con 10 o 15 años ya a nuestra espalda de llevar un sueldo a casa, no renunciamos a ser madres, y hacemos auténtica ingeniería logística para que no nos aparten y para seguir demostrando, aun con nuestras maternidades, que estamos ahí ¡que podemos con todo! Y no, no nos permitimos ni un día de más de los que nos permite la ley para criar a nuestros hijos –unos escasos tres meses por aquellos tiempos–. Y claro, también sentimos en nuestras cabezas ese techo de cristal, “blindado”, añadiría, del que disponen las empresas para mantenernos en nuestros útiles y rentables puestos “intermedios”.
Y ahí seguimos, trabajando, cotizando, trabajando, cotizando…. un año y otro, y otro más. ¿Resulta monótono? Pues sí, pero eso es lo que hay. No somos héroes, no hacemos proezas dignas de los titulares de periódicos; o quizá algunos sí, siempre que sea en nuestros ratos libres, los que nos dejan las innumerables y “obligadas” jornadas para ganarnos el sueldo “y cotizar”.

Aunque lo mismo sí tenemos una pizca de héroes. Porque con nuestra regularidad, nuestra constancia, nuestro pequeño esfuerzo de cada día, de esos más de 14.600 días, garantizamos el sostenimiento de un sistema basado en la solidaridad. Y así es como debe ser (se llama “de reparto”; aunque si pensáramos en términos exclusivamente financieros ¡qué bien nos habría venido ese que llamamos “de capitalización!, ¡con tantos años metiendo a la hucha seríamos los reyes del mambo!). Pero los de nuestra generación, o la mayoría de nosotros, creemos en las sociedades justas y solidarias. Y eso es lo que significa apostar por sistemas de reparto.

Y aquí empiezan otras historias…

De crisis –maldita crisis que parece que todo lo justifica– y a tu jefe no le salen los números y se pregunta: “¿Quién me cuesta más? Bueno, claramente este, que tiene más costes sociales, que cotizamos una barbaridad por él y, encima, de vez en cuando me lleva la contraria, y a veces resulta algo lento… y aunque nos costará suplir su gran experiencia, qué más da, total, la experiencia está sobrevalorada…” “…pues este a la calle”.
O de mujeres y hombres con ganas, acumuladas durante “40 años… o más”, durante 14.600 días… o más, de disfrutar de una mañana –pongamos de “miércoles” – para salir al campo o recorrer un museo con calma o tomarse una cerveza en una terraza mientras pasan las páginas del periódico y toman el sol.

Y los protagonistas de estas historias, aquellos “casi” niños y niñas de 14, 15 o 16, que ya llevamos más de 40 años trabajados y aportando al sistema, nos decimos:bueno, está bien, dejemos sitio a los más jóvenes, ya es tiempo de hacer otras cosas”.

Y ahora debería llegar el final feliz… Pero ¡uy!, hay un pequeño detalle que no calculamos cuando empezamos a trabajar en aquella lejana e interrumpida adolescencia, ¡vaya!, empezamos muy jóvenes y ahora también somos demasiado jóvenes para cobrar nuestra pensión íntegra, esa por la que hemos cotizado durante más de 14.600 días. La ley los llama “coeficientes reductores” pero no es más que un castigo, una penalización aplicada como un rodillo que no parece admitir matices, es un inmerecido castigo por no haber sabido (nosotros) calcular bien nuestros tiempos, el de comenzar nuestra vida laboral… el de terminarla…

Creo que nadie debería tacharnos de “no entender el momento” o de “poco solidarios” si queremos que se reconozcan nuestras largas carreras de cotización. Por justicia, para resarcirnos mínimamente de ese pequeño desajuste que supuso pasar de la niñez a la edad adulta de un día para otro, saltándonos algunas etapas.
Hasta aquí esta historia – de gente normal y corriente– de miles y miles de personas de mi generación que hoy andamos por los 60, 61, 62, 63 años…, y que tuvimos que “ponernos las pilas” demasiado pronto.
Y sí, sé que en este relato me he repetido hasta el aburrimiento con la frase “40 años y más…”, que aparece machaconamente en casi cada párrafo. No es más que un leve reflejo de cada madrugón durante –ahí va una vez más– 40 años… o más.

Menchu Vila, una asociada más de las miles que integramos la
“Asociación de Jubilación anticipada sin penalizar con +40 años cotizados”
ASJUBI40
https://www.facebook.com/groups/JubilacionSinPenalizar/

 

¡Saludos!

 

 

(Imagen de cabecera: Pixabay-editada)

#Pensiones, #Jubilación, #Jubilación anticipada

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15 comentarios

  1. Real como la vida misma.

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    1. Y tan real… la situación ¡me suena muchísimo!
      Un abrazo Santiago.

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  2. Estupendo artículo. Y duramente reconocible

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    1. Gracias Javier y sobre todo gracias Menchu, su autora. Saludos !

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      1. Por supuesto, se da por sentado que también es hacia ella.

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    1. Gracias por compartir Fernando, saludos !

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  3. Gracias Francisco. Es cierto todo lo que Menchu dice.
    Desde los sesenta del siglo pasado hasta aquí, todos hemos contribuido a cambiar a fondo el país. Con trabajo y con impuestos. Y muchos hemos sufrido, o gozado, el fenómeno de las prejubilaciones con mejor o peor fortuna. Pero a la hora de repartir, lo cierto es que hay que partir de unas cifras concretas y es ahí donde radica el fondo del problema.
    Las nefastas políticas restrictivas en cuanto a la reforma laboral han provocado una caída del monto de cotizaciones sociales porque era la moda imperante y se han mitigado con un desorbitado crecimiento de la deuda, pública y privada, ligeramente suavizada por las medidas del BCE, otro error, y la confianza en que la temida inflación se contendría al largo plazo. Son muchas las variables que inciden sobre la jubilación, no sólo basada en la edad y las cotizaciones.
    Si pudiera pedir una justa compensación, esta pasaría por reducir la doble imposición que castiga las pensiones por medio del IRPF, primero porque no se produce tal rendimiento y segundo porque las cuotas devengadas ya estuvieron sujetas a la aplicación del impuesto.
    No es así en el caso de las no contributivas que deberían continuar sujetas al gravamen.
    Creo que este es un tema para un profundo debate
    Un abrazo.

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    1. Gracias Carlos. El BCE va a dejar de comprar deuda en diciembre, ya veremos como va. Totalmente de acuerdo con lo del IRPF, y con lo anterior. Aquí hemos crecido últimamente en base a reducir salarios y condiciones, pada mantener o aumentar la productividad, resultado: gran reducción de las cotizaciones. Pero pienso que tiene remedio nada drástico, solo hay que empezar por poner este tema arriba de las prioridades presentes y futuras, y ya habremos ganado bastante, porque soluciones… como las meigas… haberlas las hay. Un abrazo.

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      1. ¡Aunque casi es normal que lleguen a trompicones! A veces creo que somos el país del pendulo.

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    1. Gracias por compartir Tomás. Saludos !

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  4. […] a través de Cuarenta años o más… — Opinión y actualidad […]

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    1. Gracias por compartir, saludos!

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