#Redes sociales #Juventud

Según un estudio recientemente publicado por la organización británica Royal Society for Public Health y el Young Health Movement a principios de 2017, en el que se entrevistó a 1.479 jóvenes de entre 14 y 24 años residentes en Reino Unido sobre el impacto psicológico del uso de las plataformas sociales, el uso de las redes sociales se relaciona directamente con un aumento de las tasas de ansiedad, depresión y sueño deficiente.

En este estudio se han valorado aspectos como la sensación de soledad, el concepto sobre la propia persona, la evaluación sobre el propio cuerpo, la depresión, y los vínculos emocionales.

Se concluye que un 91% de los jóvenes en esas edades utilizan las redes sociales en Internet, y que los ratios de ansiedad y depresión han aumentado un 70% en los últimos 25 años.

Además se han analizado las diversas redes para determinar cuáles son las más/menos perjudiciales, apareciendo Youtube como la red social con un impacto más positivo en la salud mental de los jóvenes, mientras que Instagram es la que ejerce una influencia más negativa, según puede verse en este gráfico:

redes sociales y juventud

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O sea, que hay que ver cómo se utilizan las distintas redes, tanto en tiempo que nos ocupan, como en la forma de interactuar con los demás, ya que no podemos tomarlas solo como un divertimento.

Realmente, según indican en el informe, las redes sociales se han convertido en un espacio en el que formamos y construimos relaciones, damos forma a nuestra propia identidad, nos expresamos y aprendemos sobre el mundo que nos rodea. Y todo ello está intrínsecamente ligado a nuestra salud mental.

Yo lo interpreto como que las redes son una extensión del “yo” y de los “otros”, donde se vive una vida virtual/real según se conozca realmente o no a los contactos con los que nos relacionamos.

Algo que, por la tecnología utilizada, tienen las redes es la inmediatez de las actuaciones (publicación de imágenes y vídeos, conversaciones o chats, blogs, investigación, búsqueda de información, etc.), y la disponibilidad en el tiempo (24 horas diarias, todos los días)., y creo que sobre todo la última no se lleva bien con nuestro reloj interno.

¿Es difícil desconectar?

Complicado lo es, desde luego, pero también es posible controlarlo.

 

Espero que les haya resultado interesante.

Saludos,

 

 

(Imagen de cabecera: Pixabay)